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27 de febrero de 2011

Tamura sensei, entrevista en la revista Bushido de 1983. (I)



Esta es la primera de tres partes de una entrevista que se realizó a Tamura sensei en 1983 por la revista Bushido. Gracias a Eric por haberla rescatado.

Este año, Nobuyoshi Tamura, normalmente reconocido como el más grande maestro de Aikido de Europa, a sus 50 años 8º dan y director técnico de la federación europea de Aikido.
Tamura sensei, con un estilo eficaz y depurado, no busca impresionar por el espectáculo ni intimidar por su potencia. Tamura sensei es un hombre modesto, cercano, a la vez que sencillo y fino. Sobre el tatami, se puede sentir su perfecionismo remarcado por el humor y su eterno guiño de ojo. Pero el maestro Tamura enseña sobretodo a través del corazón. Se trata también de un hombre muy unido a su familia.

El encuentro de Bushido con el Sensei fue durante un curso, su mujer Rumiko y dos de sus tres hijos estaban entre los practicantes. Pero él incluye a sus discípulos en lo que forma su familia, incluso los niños prodigio... Enseñando en Francia desde hace 19 años y creador del método Nacional, Maestro Tamura se encuentra hoy, después de haber roto con el todo poderoso FFJDA, un disidente del Aikido oficial y abandonado por la mitad de sus discípulos más cercanos.


Nobuyoshi Tamura habla del recuerdo de sus comienzos en el Aikido, del desarrollo del Aikido en Francia y del dolor de ser Maestro.

Tamura: Llegar a ser fuerte. Esta motivación es universal. Pero es verdad que en esa época no teníamos un modelo de hombre fuerte. Hasta mi generación, el modelo era aquel del guerrero, por ejemplo, durante mi infancia, el héroe era el piloto de guerra. Sabéis que durante la guerra, los jóvenes intelectuales eran llevados voluntarios para ser kamikaze, y las fuerzas vitales del Japón han sido casi todas diezmadas. Pero desde Hiroshima, Japón a renunciado a la guerra.


La posguerra en Japón

Bushido: Entonces, ¿usted forma parte de la generación perdida?
Tamura: No, la que llaman generación perdida, es aquella anterior a la mía, osea, los supervivientes adultos de la guerra y particularmente los soldados que hubieran querido morir en vez de aceptar la derrota. Este es el caso por ejemplo de Tadashi Abe, mi predecesor en el desarrollo del Aikido en Francia, que se había ofrecido voluntario para ser Kamikaze, pero no había más torpedos de avión.

Bushido: ¿Estaba usted también perdido, después de la guerra?
Tamura: Sí. Mi sueño de niño era ser oficial, y se rompió. En la escuela, me preguntaban que qué quería hacer, pero no lo sabía.

Bushido: ¿Le pareció entonces que las artes marciales eran una solución para usted?
Tamura: Aún no. Fué a través del Maestro Oshawa que tuve conocimiento del Aikido.

Bushido: ¿El fundador del método de la alimentación macrobiótica?
Tamura: Fué más que eso. No lo saben en Europa, pero él era una especie de Sócrates para la juventud japonesa. Junto a él, mientras vivíamos bajo la ocupación, encontramos un significado a ese mundo cambiado.

Bushido: Era un filósofo.
Tamura: Y sanador. Lo conocí cuando venía a casa a curar a mi padre a través de su régimen. Tras los años de hambruna de la guerra, hacía falta coraje para proponer a los enfermos arroz completo! El racionamiento de la comida duró en mi casa hasta 1952. Después mi padre murió. Cuando tuve 16 años dejé la escuela, me fui de Tokyo a Hokkaido, para hacer pequeños trabajos por aquí y por allá. Después entrando en Tokyo, fui a vivir con el Maestro Oshawa. Tenía una casa donde acogía a jóvenes. Era un hombre increíble. Dormía muy poco, escribiendo o leyendo hasta muy tarde. Pero siempre, cuando nos levantamos para el desayuno, encontrábamos al Maestro ya levantado, barriendo la casa mientras silbaba. Cada día teníamos entrevistas con él, donde nos recomendaba un libro o comentaba algún artículo del periódico. Más tarde Oshawa nos hablaba de japoneses que fueron a Europa para dar a conocer las artes marciales: como el Maestro Minoru Mochizuki, por ejemplo, el primero en introducir el Aikido en Francia. Fue entonces cuando tuve curiosidad por saber qué era el Aikido.

8 de febrero de 2011

Memoria de un cambio


Estas son las sensaciones de una nueva alumna de Sei Ryu Kan Valencia. Muchas gracias Firea!

Meditación en el Mar Báltico de César de la Cal


Siempre he estado buscando algo en mi vida. He buscado siempre fuera, en otros seres, en ambientes que jamás había conocido. Me alejaba continuamente de lo que me representaba porque lo consideraba vacío.

En efecto era vacío, porque cuando buscas fuera nada tiene sentido. Mi deambular me llevó a comprender finalmente que no buscaba algo externo. Me buscaba a mí misma... Y para buscar la esencia debes ir hacia dentro. Hacia lo más pequeño. Rescatarlo, llevarlo a la superficie y brillar literalmente convirtiéndolo de manera natural en algo grande, algo cada vez mayor y que contagia a quien te toca o te siente.

Mis pasos me acercaron a la convicción de que no bastaba ser durante algunos momentos. Se trata de ser siempre. De sentirte tal y como eres, de ser capaz de estar en contacto con cada ápice de tu ser. Cada célula, cada músculo…

Tenía que trabajar mi cuerpo, pero trabajarlo desde mi espíritu. No me bastaba el ejercicio aislado, meramente deportivo. Fue entonces cuando descubrí el Aikido.

Alguien que conozco desde no hace mucho me dijo que si quería acudir a una clase. Y allí estaba un miércoles cualquiera. Tengo que reconocer que soy muy curiosa, pero pensaba que no me gustaría. Sin embargo, algo me arrastró hacia allí. No sabía qué me atraía, pero simplemente me dejé llevar por la certidumbre de que estaba en el lugar adecuado.

Ese día sólo observé la clase. No sólo miré y aprendí lo que veía. Me centré en lo que sentí.

Y sentí muchas cosas.

Los movimientos no se basaban en algo aprendido. Se trataba de sentir el movimiento. El camino correcto para realizar algo. No eran una panda de gente dedicada a entrenarse para adquirir un conocimiento práctico, pero vacío y superficial.

Amaban lo que estaban practicando. Se podía percibir en el ambiente. No corregían sus posturas desde el intelecto, si no desde la sensación de estar en línea consigo mismo. Desde el más veterano hasta el que llevaba poco tiempo.

Todos heterogéneos, pero unidos por su actitud de superación, perfección y compañerismo.

Uno de ellos se centra en comprender el mundo que le rodea mediante el perfeccionamiento del arte. Otro deslumbra con su actitud; su lucha contra la rigidez. Su victoria es diaria. Otro es consciente de su timidez y la supera cuando practica. Los nuevos como yo son ante todo como niños que descubren su cuerpo. Amables y cálidos.

La base de esa práctica tan intensa de conocimiento emanaba de una persona. Él transmite de manera natural, carente de soberbia, lo que sabe. Sus movimientos eran suaves, pero consistentes. El respeto ante sus alumnos es primordial. Su interés centrado totalmente en observar y sentir; no sólo lo que enseña, si no lo que percibe de las personas que le escuchan.

La energía que catalizaba y emitía como una llama cálida era perfectamente perceptible en el entorno.

En efecto, me encontraba en el lugar adecuado. El conjunto de ese lugar y sus gentes eran afines a lo que necesitaba. La semana siguiente decidí sentir de otra manera. Así que entré en el Dojo y practiqué por primera vez Aikido. Lo que había sentido desde fuera lo corroboré dentro.

Fui consciente de mis rigideces: físicas y mentales. Pero también lo fui de mis capacidades sin explorar. En ningún momento me sentí fuera de lugar, a pesar de que acababa de llegar.

Sentí un respeto inconmensurable por mis compañeros y por el que se acaba de convertir en mi sensei. Espero que con el tiempo permanezca esa sensación.

Seguí un camino durante mucho tiempo, el de la separación del alma y del cuerpo. Ahora me desvío y cojo otro. El de la unificación de lo tangible y de lo intangible.

No hay caminos mejores ni peores. Sólo caminos y somos capaces de elegir en cada momento hacia dónde y cómo queremos caminar.

Gracias a todos los miembros del Dojo Sei Ryu Kan. Ahora formáis parte de mi nuevo mundo inexplorado. Intuyo que será un placer caminar con vosotros.

Firea


Waiting zoris de AlegriaDeLaHuerta